Desde la caída de nuestros tres grandes líderes nuestra sociedad ha optado por el elitismo extremo, el consumo ostentoso, y la ignorancia perfecta.

Dinero, poder y fama insulsa marcan los grandes fines de los hombres de esta época y todo para simplemente pavonearse frente a otros.

Casi nadie escapa a la fuerza mágica de estos fetiches.

Religiosos y políticos, sabios e ignorantes, ricos y pobres realizan sus nuevos ritos comunes en torno a estos.

Ya no hay compasión ni sueños poéticos; ya no hay utopía ni amor al prójimo. Solo hay la compulsiva búsqueda de la riqueza, la fama y el poder a cualquier precio. Por ellos nos mentimos, por ellos nos ofendemos, por ellos imoralizamos, por ellos nos matamos.

La inmisericorde brecha entre ricos y pobres, las estúpidas batallas por el dominio entre naciones, el nefando cambio climático son sus aún tibios resultados. Resultados silenciosamente legitimados por todos, mediante nuestras irresponsables conductas actuales.

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