Por Juan López


Es una incuestionable realidad: el caos que actualmente reina en la vecina república de Haití ha complicado la crisis económica, social y política que padece, desde hace décadas, por lo cual Haití ya tocó fondo. Por lo cual nos preguntamos, ¿entonces, qué hacer?
Ante la comprobada impotencia y falta de gobernabilidad por el peligroso agravamiento de las crisis, el Consejo de Ministros que encabeza Ariel Henry, primer ministro de facto, hizo una desesperada solicitud de intervención a la ONU y a la comunidad internacional.

 A los fines de controlar la violencia que las bandas de delincuentes armados han impuesto en importantes sectores, creando inseguridades, zozobra y terror en la población, ocasionando también el cierre de las mayorías de embajadas y consulados en Haití.


Como una demostración más de la ausencia de diálogo y consenso de la clase política, élite económica y organizaciones de la sociedad civil: dicha solicitud  fue rápidamente impugnada  y declarada inconstitucional  por la reducida facción de senadores vigentes del inexistente  parlamento bicameral haitiano, porque desde el 2018 vencieron 20 de los 30 senadores y  habían cesado los 99 diputados, en espera de elecciones congresuales que la gravedad de las crisis ha impedido su realización.


Posiciones

En adición  a esa disparidad entre «las actuales autoridades de Haití», también se han pronunciado varios sectores.  Unos a favor de la solicitada intervención y otros, los más agresivos, rechazando en forma radical cualquier tipo de intervención. Para lo cual argumentan las diferentes intervenciones militares que ha sufrido Haití (1916-34, 1994, 2004) sin solucionar las crisis que las provocaron. Haciendo especial énfasis en los 12 años que duró la MINUSTAH. Ultima intervención militar patrocinada por la ONU. Dejando la epidemia del cólera, desarticulación del ejército y miles de  mujeres violadas y embarazadas por los militares extranjeros.


A la ONU se le ha hecho difícil constituir un ejército intervencionista, ya que los países americanos se resisten a facilitar militares para intervenir en la república de Haití. Actitud similar han adoptado importantes organizaciones de la comunidad internacional. Mientras que los EE. UU. Sigue reflexionando  y no define su posible actuación ante tan desalentador panorama.


El gobierno de la R. Dominicana, en legítima protección de la seguridad nacional, refuerza militarmente la porosa frontera.  Y con válidas argumentaciones históricas, negativas experiencias ante intervenciones militares  y motivaciones del derecho internacional, no  participará en ninguna acción intervencionista. Aunque sigue siendo el principal actor que, con insistencia, clama ante la comunidad internacional para que, con urgencia, vaya en auxilio del pueblo haitiano.


Ahora bien, por principio, porque atenta contra la autodeterminación, libre albedrío  y soberanía de los pueblos, porque «el remedio sería peor que la enfermedad» y políticamente  improcedente y muy peligroso, rechazamos otra intervención militar en Haití y en cualquier otro país de nuestra América.


¿Qué hacer?

Ante este incierto y lúgubre panorama y preocupado por el ¿qué hacer? ante las graves crisis que ya  tocó fondo en Haití, desde que se produjo el lamentable magnicidio del presidente Jovenel Moise, mediante cuatro reflexiones publicadas en este importante medio de comunicación hemos  reiterado la siguiente sugerencia:


«Así se justifica y explica… que la ONU asuma la responsabilidad y el liderazgo para implementar un fideicomiso, como el mejor y más viable mecanismo para abordar la crisis haitiana con perspectivas de soluciones» (14-9-21).


«… Pedimos la urgente implementación de un fideicomiso. El pasado 11 de julio (4 días después de la muerte del presidente) con el artículo “Magnicidio en Haití: vacío de poder e incertidumbre… ¿Qué hacer?”; otro el 15 de agosto, “Haití urge de real y efectiva ayuda humanitaria».


«Y para reflejar más claro el propósito de esas publicaciones, en los últimos párrafos se lee la síntesis de nuestra reflexión del pasado 26 de septiembre titulada “La ONU debe gestionar solución a la crisis haitiana»:


«Que el Consejo de Seguridad de la ONU sea convocado de urgencia para abordar la problemática haitiana. Y que en esa sesión se apruebe gestionar un consenso con el liderazgo político, empresarial y de organizaciones de la sociedad civil. A los fines de implementar un fideicomiso por dos o tres años para que la ONU, a través de un equipo de técnicos pueda administrar el Gobierno haitiano, con la colaboración económica del BID, Banco Mundial, FMI, EE. UU. Canadá y la Unión Europea».


“Así, y sólo así, se podría superar la histórica y agravante crisis de Haití y conseguir que los haitianos visualicen un nuevo y mejor horizonte que les garantice la convivencia pacífica, democrática, justicia social y una mejor calidad de vida que se merecen. ¡Ojalá así ocurra!”.

Juan López

Juan López es sociólogo, catedrático universitario y articulista

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